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jueves, 21 de septiembre de 2017

2.7 La crisis como superación y fortalecimiento

(Extracto de otros de mis blog en educadesdelaciencia.blogspot.com )

Un hombre, desvinculado de toda realidad, despojándose de su dignidad personal, reduciendo el Universo a un mundo asible, útil y aparente, busca una felicidad no perecedera. Sin embargo, tras programas, planes o proyectos que se pone como meta de vida, sólo logra bienestar, placer, euforia, alegría por unos momentos más o menos prolongados.

                   Cada meta lograda, crea en él la ilusión de alcanzar una felicidad infinita. Pero, es, entonces, cuando se da cuenta que se ha movido en un nivel de finitud que le apresa en lo momentáneo y que, tras la celebración o embriaguez de un pequeño o gran éxito, viene nuevamente esa tensión de infinito y esa sensación de vacío, soledad, insatisfacción o hastío. Casi podría decir que era más feliz durante sus sueños y lucha por construirlos que ahora; una vez logrados…

                  De pronto, el hombre toma consciencia de sí, de su diferencia de anhelos, de amores, de vocación, de trascendencia. Sí; cuando niño o adolescente, soñábamos con logros para sí, para los nuestros e incluso para toda la humanidad. Ya jóvenes, con grandes ideales, comprometíamos nuestra vida por “todos”, por no ser uno más del montón de ególatras y dar de sí, si era necesario, la vida. Pero, simultáneamente, nuestras experiencias de vida, una y otra vez; empiezan a llevarnos al dolor de la impotencia; a sentirnos defraudados ante las respuesta de aquellos que creíamos nuestros amigos de ruta o agradecidos; incluso, lo que es más fuerte aún, nos decepcionamos de nosotros mismos: de nuestras debilidades, de nuestras respuestas…

                   Entonces viene la crisis, aquella que marcará nuestras vidas: la oportunidad de renunciar a nuestros ideales o seguir adelante y crecer. También vienen una serie de preguntas: ¿Por qué yo? ¿Por qué la vida es así? ¿Por qué me duele el dolor de los demás; en cambio pareciera que el vive para sí es más feliz? ¿Más feliz? ¿Puede ser más feliz quien ha renunciado a lo mejor de sí; pero qué es lo mejor de sí? ¿Qué piensa o siente el hombre que ha renunciado a todo auténtico ideal; qué encuentra dentro de sí y qué es un ideal? ¿No será mejor no pensar, huir de todo sueño, de los otros y de sí?

              Víctor Frankl decía que la felicidad no se busca; que llega como un don cuando te pones como propósito dar lo mejor de ti. Por mi parte, y sustentándome en este pensamiento, la forma de vivir la vida me ha permitido descubrir que los obstáculos, problemas o el sufrimiento no mitigan la felicidad; sino que forman parte de “escenas” de nuestra vida, si tenemos como base y horizonte un sentido, un amor que trasciende cada acto: el sentido de vivir, o mejor dicho, el misterio del sentido de nuestra existencia.

Nuestras crisis

            Etimológicamente, el concepto “crisis”, proviene del griego “krinein” que se traduce como separar, dividir, decidir, elegir…

         Romano Guardini, profundo conocedor del alma humana, decía que cada etapa de la vida se caracterizaba por una crisis cuya superación, condicionaba el paso a la etapa posterior. Así, podíamos entender por qué algunas personas no seguían el camino de madurez propio de toda vida; sino se quedaban ancladas en la adolescencia o alguna otra etapa.

        Recuerdo haber leído que para los chinos, la palabra crisis tenía dos significados: quiebre y oportunidad…El psicólogo C. Jung destacó el estado de alerta que se produce en una crisis. Tiene razón; cuando todo parece funcionar como es de costumbre, tendemos a comportarnos como es ya habitual, sin cuestionarnos, sin indagar. Es claro, si siempre pasa el bus por donde mismo, nosotros también, sin mayor preocupación, haremos lo mismo. Pero si una vez en el paradero, no ocurre lo que esperábamos, entramos en un estado de alerta, alarma, indagación… Se ha perdido una especie de continuidad de nuestra historia, para dar lugar a un hito, a un acontecimiento que implica una situación problemática que resolver.

      Así, cuando estamos en crisis, sentimos que algo que parecía seguro, estable, se tambalea y nos lleva a una serie de cuestionamientos, dudas, incertidumbres… En un primer momento, tal vez nos acongojamos, porque no sabemos a qué atenernos. Debemos replantearnos nuestra vida y talvez la de otros; luego tomar decisiones, elegir un nuevo enfoque de nosotros mismos, de algún aspecto de nuestra existencia o de su sentido; a veces, cambia nuestra perspectiva, concepto o valoración de los demás o del mundo. Es claro que la crisis nos ofrece la gran oportunidad de crecer, de salir fortalecidos; pero tampoco es menos verdad, que implica un riesgo, pues podemos ser superados por la crisis en vez de superarla a ella. Por supuesto, que dependiendo de la índole y gravedad del problema y de nuestra condición humana, podremos superar la crisis por sí mismos, o bien, requeriremos de ayuda de los demás. No es lo mismo hablar de crisis personales cuando se es niño, adolescente, joven, adulto o anciano; tampoco es lo mismo una crisis de identidad, que una crisis familiar, nacional o mundial; como también hay que distinguir entre crisis económicas, laborales, políticas, morales, religiosas, culturales, etc.

         No cabe duda, entonces, que toda crisis lleva consigo un riesgo (la no superación y, consecuente decadencia) y una oportunidad (su superación y nuestro fortalecimiento). Superar una crisis implica, por lo tanto, detectar y saber cómo enfrentar los peligros o amenazas, el caos, lo insano, la violencia, lo aparente, lo superficial, un sin sentido que pueden estar incoados en una persona, un estilo de vida o moda, una ideología, una creencia, una instancia de poder, etc. Hay que distinguir entre lo que hay que salvar y atesorar y lo que hay que desechar. Las crisis nos exigen un mayor esfuerzo, dolor, separación, dejar atrás; pero para mirar hacia delante, con esperanzas de un mejor futuro, de construir. Implican un no dejarse estar; un no dejarse llevar; por lo mismo, requieren de nuestra persistencia, perseverancia, ingenio, amor y valentía. Superar una crisis es superar lastres de de mal vivir; implica purificar, limpiar, ordenar, vislumbrar. Por todo lo que una situación crítica requiere de nosotros, su superación exige no caer ni en el pesimismo derrotista o depresivo; ni en el optimismo ingenuo y desprevenido.

viernes, 27 de septiembre de 2013

2.6 La paz exige una educación en diversidad


            Mundos diversos desde…Nacemos en un mundo desconocido, del cual no somos responsables: con una historia, credos, obras, personajes, lenguaje, costumbres... Nacemos en una familia, en una situación determinada.  Nacemos únicos, íntimos: Nadie ha existido, existe ni existirá idéntico a mí; es más, cada uno de nosotros, a lo largo de su existencia irá conformando su propia historia, su carácter; con acontecimientos que implicarán cambios fundamentales en nuestra visión del mundo y de nosotros mismos. Vamos aprendiendo de nuestras experiencias y de la de otros; aprendemos de nuestros errores y de nuestros éxitos... No sabemos cuántas son nuestras fortalezas y debilidades o ignorancias de hoy y cuántas mañana. Esperamos llevar una vida de crecimiento personal; pero no siempre es así.

            Nuestra diversidad nos hace irreemplazables; nuestra intimidad inapresables: Sólo cada cual puede dolerse su dolor de muelas, pensar sus pensamientos, amar sus amores...Por mucho que alguien te ame, no puede doler tu dolor por ti. Tal vez, condolido por tu dolor, también se dolerá; entonces, serán dos los dolientes... Por eso buscamos compañía, el encuentro con otros; todo encuentro será necesariamente entre diversos; por algo la palabra encuentro tiene su origen en las palabra “en contra”.  El encuentro implica superar las apariencias para acoger al tú diverso; encontrarse más allá de las diversidades. Las preguntas surgen:  ¿Es posible el encuentro entre diversidades; qué lo dificulta; qué lo confunde? ¿Existen diversidades nocivas que no deben tolerarse, ni menos respetarse? ¿Qué es tolerancia y qué respeto? ¿Cuál es la importancia de tener convicciones y que, en cambio, es fanatismo? ¿Qué es, entonces, pluralismo? ¿Es lo mismo discriminar que discernir? ¿Qué es bondadismo; qué discernimiento y qué discriminación?
Algunos principios a reflexionar:
"Debemos construir la propia vida, la ciudad -polis, urbs, civitas- y el mundo en armonía,; así, como se construyen las composiciones musicales: con notas distintas, sones y silencios..."
"Sin identidad no hay diversidad.  Por ello, es importante el descubrimiento y el respeto"
"Educar para la convivencia en diversidad, para el el diálogo, es requisito de toda convivencia en diversidad"
Educar implica descubrir, valorar y cultivar la diversidad.
            «Educar en diversidad» es uno de los principios que debe regir todo nuestro quehacer educativo; pues la realidad, tanto natural como cultural, lo es: vegetales, animales, fungi, monera, protiste, minerales, relieves, climas, formas, relaciones, distribuciones, lenguaje, artes auditivas y visuales, etc.; se presentan en una diversidad infinita.  Sin embargo, es en la persona humana donde la diversidad alcanza los caracteres de único, íntimo, incomparable, irreemplazable; siendo cada momento de nuestra existencia, también único, diverso. Nuestros educandos son diversos; diferentes en sus corporalidades, sensaciones, afectos, anhelos, ideas, creencias, capacidades y discapacidades; por lo tanto, la preparación, desarrollo y evaluación de las actividades educativas, debe ser individualizada, diversa.

Conceptos y Principios Para Educar En Diversidad Y Paz

1.-  Tolerancia: Es la consideración hacia la diferencia; una disposición a admitir, amable y comprensivamente, la legítima discrepancia, esto es, el pluralismo.
Principio: Debemos valorar la diversidad como complementariedad y la tolerancia como necesaria para la paz.

2.- Respeto: Respetar implica admirar un valor o virtud que descubrimos en una persona quien, en ese sentido, se constituye como un modelo de vida.
            Tolerar no es sinónimo de respetar.
            Tolerar es permitir algo sin estar de acuerdo; sin justificar, aprobar o creerlo así; pues implica una diversidad en la discrepancia incluso en ocasiones, debemos tolerar un mal menor para evitar uno mayor que, de otra forma, no podríamos eludir.  Por ejemplo, debemos tolerar órdenes de un jefe que puede exigir más trabajo del justo o pagar menos de lo correcto, si no hay otra forma de conservar el empleo necesario para satisfacer las necesidades básicas de la familia.
Principios
·      Se debe conservar y aplicar el principio de tolerancia cuando no hay acuerdo.
·      Se debe respetar en otros un valor que no poseemos y que admiramos como un ideal al que aspirar.
            La convivencia con quien respetamos nos enriquece, porque nos hace vivenciar lo valioso: su honradez, lealtad, responsabilidad, humildad, generosidad; en fin, todas las virtudes que enaltecen las almas ya con su sólo visión. De ahí la importancia de los grandes modelos: genios, santos y héroes y de los modelos con quienes convivimos a diario.
            Lo anterior implica que hay diversidades que sólo pueden obtener nuestra tolerancia; mientras otras, por sobre esta, merecen todo nuestro respeto, reverencia o admiración.  Sin embargo, no todo es tolerable.

3.  Lo intolerable
            No. No todo es tolerable. Sólo debemos tolerar aquello que no nos quita la dignidad personal o expone nuestra salud. Así, el niño no debe tolerar que abusen de él o le agredan. En estos casos debe pedir protección, pues la persona violenta puede provocar daños intolerables, no respetables. En estos casos se debe solicitar la intervención médica y/o legal.
Principio: No debemos tolerar lo que es destructivo; nadie tiene derecho a destruir, destruirnos.

4. Tolerarnos a nosotros mismos
             No se trata de quedar sin más con lo peor de sí; sino conocer nuestros límites, defectos, discapacidades; de tal forma, no engendren desasosiego, pesimismo, depresión, desconfianza en sí mismos. Es tan malo no ponerse metas, como poner aquellas que van más allá de nuestras posibilidades.
Principio: Debemos reconocer nuestros defectos y ajustar «el que somos», con «el que deseamos, podemos y debemos ser».

5.-  Convicciones y Pluralismo
            En una educación pluralista, democrática, de diversidades, el educador tiene como misión esencial, enseñar a tener convicciones que en los momentos difíciles de la vida nos ayuden a tomar decisiones dignas de nuestra condición humana; más allá de meras posturas impensadas, emocionales o convenientes.
Principio: El respeto por la diversidad, exige una posición de vida, esto es, convicciones
            Alguien podría pensar que el respeto por la diversidad requiere de una especie de neutralidad, indiferencia. Pero no es así, el respeto por la diversidad no se opone al amor y compromiso con lo que se piensa, cree, siente, asume como verdad, bien o belleza. Se puede tener convicciones y ser amable y comprensivo con las convicciones de los demás. Ya dijimos, tolerar no es acatar, aprobar o justificar. Al contrario, sólo quien desea regir su vida por valores, sabe que ello es difícil; sabe que existe el error, que puede equivocarse (él o los demás). Es difícil el acceso a la verdad; hay que investigarla (no se encuentra a primera vista); de ahí el sentido de las ciencias, y la reflexión.

            Las convicciones no son meras ideas sino ideas que, asumidas como verdaderas, se constituyen en principios de vida. Por lo mismo, son fuerza, criterio de decisión, dirección, fundamento y nutriente. Se trata de ideas en las cuales confiamos, desde las cuales vivimos. Por ello, en medio de los embates nos ofrecen su fortaleza, permitiéndonos salvar el caos, las debilidades, los temores.

            En una educación pluralista, democrática y globalizada, donde las tecnologías de la información y comunicación ponen el mayor número de diversidad de ideas y credos al alcance masivo, el educador tiene como misión esencial enseñar a tener convicciones que, como ya dijimos, orienten al educando, ayudándole a tomar decisiones dignas de su condición humana; de lo contrario, será fácil presa de posturas impensadas, sólo emocionales, de alto riesgo que, lo más seguro, le enajenarán degradándolo.

            Muchos creen que tener convicciones implica no respetar, ser prepotente, dogmático, intolerante; suponen que el respeto por la diversidad requiere de una postura neutral, indiferente, tibia, adaptable. Todo lo contrario, de lo contrario el diálogo no se distinguiría del monólogo. Erróneamente, se pone de moda un bondadismo (también llamado permisivismo, historicismo o relativismo) que da por bueno, verdadero y bello todo, sin ningún discernimiento, impulsando los lemas “cada cual tiene su propia verdad”, “lo que es bueno depende de cada cual”, etc. De esta forma se crean el caos más grande en el ámbito de la verdad, se impiden todo verdadero diálogo pues cada cual va por rutas paralelas (según “su” verdad, bien y belleza) y, llegado el momento del cruce de decisiones, obviamente primará la ley de la selva. Así, las convicciones y el ser una persona de principios desaparece, para dar lugar a la primacía del ser “funcionales”, “acomodaticios”, “hacer lo que se puede y no lo que se debe”, etc. El respeto por la diversidad no se opone a la convicción que expresa fidelidad a los principios; a lo que se opone es al fanatismo (absolutismo, despotismo) que absolutiza un pensamiento o credo para imponerlo arbitrariamente a los demás, en vistas de las propias conveniencias y no de auténticos principios que sólo pueden emanar de quienes aman la verdad, el bien y la belleza.

            Estilos de vida y culturas diferentes, exigen una actitud dialogal que acepte la pluralidad de ideas, creencias y culturas; por lo mismo, el educador debe enseñar el amor por el Universo, el descubrimiento de los valores, el respeto, el ser hombres de palabra, el diálogo. Pero, ¿qué es pluralismo; cómo se diferencia del relativismo?


Pluralismo Y Cultura De La Paz

            Cada cultura representa una forma de vivir el universo, un mundo único. La persona humana no actúa frente a un Universo sin más (constructo de realidades) sino desde, en y ante el mundo que ha ido el conformando el mismo ser humano, a través de su historia. El hombre habita el Universo, toma conciencia de él, le da un sentido en respectividad con los mundos de los otros hombres: acojo y respeto el sentido que das a “esa obra de arte”, a “ese ritual y símbolos”, a “esa mascota”, a “tu escuela”, a “tus padre”…. Nuestro mundo es co-creación y, si bien es cierto que el mundo se sustenta en la realidad, también es cierto que una vez otorgado un sentido a esa realidad, ya no nos enfrentamos (encontramos) con ella como mera cosa u objeto sino como realidad – sentido o sentido-real (nuestro sentido), obra cultural.
            Esto así, las culturas son realidades transpersonales (ambitales dice López Quintás) que trascienden la perspectiva personal. Las palabras me ofrecen sus posibilidades y las elevo a la categoría de poema; el poema me trasciende y se ofrece como tal a otros que sean capaces de apreciarlo. La realidad adquiere un sentido que ofrece posibilidades enaltecedoras: la dignificamos envolviéndolas con nuestro ser que trasciende; las elevamos a rango cultural: el ruido aparece como sonido en el juego con los silencios significativos, con la palabra que se transporta hasta el alma del otro, con la música que contemplamos o que impulsa un baile… Sí, el hombre debe aprender a distinguir el ruido de la música, la palabra de la charlatanería o grosería… de lo contrario sucumbiremos.

            No toda obra es cultural sino aquella que es constructiva para el alma, aquella que potencia la creación porque la hace más perfecta, más bella. Atenta contra la cultura quien hace uso de las realidades dignas o dignificadas, usa en forma desmedida o sin sentido las usable o no cultiva (cuida) las usadas. En esta situación, las acciones del hombre no pertenecen al mundo de la cultura sino de la anticultura (llamada por algunos “cultura de la muerte”); así se entiende toda suerte de violencia, intrusión, reduccionismo, violaciones, esclavitud, corrupción, guerra, genocidio, avaricia, etc.

       Una pedagogía que respeta la diversidad, se debe sustentar en una pedagogía dde la cultura que antes enseñe a entender el sentido de la naturaleza y de las obras que realiza el hombre para la realización de su existencia; que enseñe el discernimiento y el diálogo entre diversos. Diverso indica distinto pero no necesariamente opuestos; distinta perspectiva pero encuentro en un nivel de mayor profundidad y dignidad humana; implica complementariedad o bien, visiones distintas que pueden dar lugar a adversarios en ideas pero no a enemigos que tienen como principal meta el destruirse. Se necesita de una pedagogía que enseña a descubrir el sentido del ser, del hacer, de la obra y del saber sobre ellos; pues sólo de esta forma encontraremos el punto de unión que requiere la comunicación de lo diverso para lograr el encuentro, el diálogo y erradicar la violencia. Si yo entiendo el sentido de la Biblia, seré capaz de entender y valorar el sentido que tiene el Corán para ese otro hombre; no lo consideraré un inferior sino un semejante, un dialogante: seremos dos logos, dos credos, dos ideales pero que entran en comunión porque ambos saben el sentido de lo sagrado, de lo revelado, del misterio: ambos han sido educados en respeto y son capaces de entrar en comunión siendo diverso pero unos en el amor que es siempre benevolente. Somos personas; cada una diversa a las otras, cada una íntima y trascendente; en fin, es tanto lo que es común a todo hombre de bien: el anhelo de hacer algo por los demás, por la naturaleza, por la familia, por ti mismo; el deseo de superar ignorancias y egoísmos para dar lo mejor de sí, el formar una familia y tener un trabajo que sea una forma de servir a los demás… también nos es común el cansancio, la impotencia, el sentirnos traicionados, el desear compañía, la celebración, el buen descanso, el hambre, el frío, el momento de comodidad, la esperanza, los temores, el valor y el coraje de ser, la fe y las dudas… la dignidad y complejidad de existir confirmándonos en esa dignidad...
            Nuestra visión de mundo va más allá que una simple manera de ver las cosas: determina nuestra visión de los valores, principios y criterios que decidirán nuestras acciones y ruta de vida; conforma nuestro criterio y proyecto de vida en correspondencia con los demás, nuestra convivencia, pues no somos seres aislados. Cada decisión que tomamos en nuestra intimidad, cada acción u omisión de la misma, afecta a los demás. Por ello, para la comprensión, respeto, diálogo entre los hombre; para la armonía o paz, se requiere de una actitud personal y de una pedagogía que acepte y promueva la pluralidad de ser, pensar, creer, hacer, sentir. ¿Qué es, entonces, pluralismo? Ya podemos deducir que PLURALISMO NO ES DOGMATISMO, NI RELATIVISMO, SINCRETISMO O NEUTRALISMO:
 
            Resumamos en vistas de aclarar este concepto tan usado: Para el dogmático, la propia visión de mundo es la única legítima y admisible; superior a toda otra, es perfecta, absoluta. Quien respeta el pluralismo, tiene convicciones pero no es absolutista. Para el relativista, todo es posible; no hay verdad, bien ni belleza; depende del momento, de cada cual... El relativismo, por lo tanto, es una postura dogmática que niega todo valor real pues rechaza la verdad real para dar al hombre el poder de decidirla según su mirada, conveniencia o comodidad pero sin afán de verdad. El relativista suele mostrarse como acrítico o neutral: todo puede ser o no ser. Existen posturas relativistas donde abiertamente prima el pasotismo, la indiferencia, el no hacerse cargo de la realidad; otras, pelean el primado de su visión tras la lucha por el poder del más fuerte; pues cuando se es relativista, al fin y al cabo se hace lo que determina quien sustenta el poder.

            En una actitud muy distinta, quien respeta el pluralismo, respeta sus principios y los de los demás; por lo tanto, no es relativista sino dialogante. El pluralismo reconoce las distintas culturas o visiones de mundo como actitudes valiosas en cuanto tienen un mismo sentido - amar y cultivar la verdad, el bien y la belleza- pero está, por sobre todo conciente de lo misterioso de la realidad, de los límites del hombre a pesar de sus buenas intenciones; está consciente de sus propios límites y de los de los demás. Conscientes, entonces, de que el Universo es inabarcable, insondable en su totalidad, inconmensurable y trascendente a toda posible objetivación o subjetivismo no absolutiza sus convicciones, pero tampoco intenta fusionarlas con otras que, de hacerlo, sólo lograría aniquilar a ambas. Para una pedagogía pluralista, lo importante es enseñar a escuchar con respeto al diverso y a expresarse y ser escuchado respetuosamente; enseñar el discernimiento y el entendimiento, el aprecio y el diálogo enriquecedor.
            En un mundo globalizado, de rápidas comunicaciones, por lo tanto, de fácil acceso a una amplia gama de culturas y formas o estilos de vida y valorizaciones, urge enseñar a dialogar, de tal modo no perder la identidad personal ni el patrimonio cultural e histórico de los pueblos. Términos como “tolerancia”, “sincretismo”, relativismo”, abundan en medios informativos y comunicacionales, desvirtuando el verdadero diálogo, el respeto por la justa diversidad, la colaboración o el trabajo cooperativo. Panikkar, filósofo que dedicara gran parte a la reflexión sobre el pluralismo, propone una interfecundación o fecundación recíproca de las culturas, donde las culturas se escuchen, entiendan, reconozcan como igualmente valiosas, respeten, aprendan una de las otras. Urge esta pedagogía inter-fecundadora o de encuentros para instar a valorar la situación actual del mundo en que vivimos y hacernos bondadosamente cargo de él.
            Panikkar estima que uno de los errores que impiden el encuentro entre culturas diversas es el intento de unirlas cuando lo que se debiera propiciar y enseñar es el respeto, la admiración y el diálogo entre diversos. ¿Tendría sentido que un católico solicitara la intercesión de la Virgen, mirando hacia la Meca? No ¿verdad? Lo que sí tendría sentido es admirar su fe, su respeto por lo sagrado, su misticismo… Quien posee una visión pluralista no absolutiza sus convicciones, pero tampoco intenta fusionarlas, pues de esta forma aniquilaría ambas.

El arte de escuchar o la hermenéutica
* La hermenéutica morfológica permite transmitir el patrimonio cultural presente a quienes no lo tienen a su alcance: padres a hijos, profesores a alumnos, expertos a inexpertos, etc.
* La hermenéutica diacrónica permite traspasar la barrera de los tiempos para conocer estilos de vida o culturas distantes en el tiempo: tener conocimientos de la cultura egipcia, maya, etc.
* La hermenéutica diatópica nos permite traspasar las barreras de lo distante por ser "lo otro" "lo diverso"; no por lejano en el espacio o tiempo sino por ser una visión distinta a la propia. Implica auto-comprenderme y comprender al otro sin presuponer que el otro tiene la misma auto-comprensión básica que yo. Para ello requerimos de una metodología (camino):
    1º Poner entre paréntesis nuestros presupuestos, mitos, creencias... para no condicionar la interpretación del otro. Reconocer que la realidad tiene algo o mucho de misterio para no disminuir el valor del otro y el propio. Acoger, abrirse al otro para entenderlo con el corazón, esto es, con amor pues "una interpretación no es correcta si el interpretado no se reconoce en la interpretación". Cada persona se auto-comprende y esa auto-comprensión forma parte de su ser, de su forma de existir; por eso nosotros no la entenderemos si no entendemos cómo ella se entiende a sí misma. Esto no significa que estemos de acuerdo con ella; pues hay diversidades que sólo las podemos tolerar (no respetar) y, en otras, ni siquiera tolerar pues atentan contra la dignidad del ser personal: jamás deberemos aceptar la pedofilia o la agresión como un elemento propio de una cultura diversa, pues impiden el diálogo y la cooperación, anulando toda posible cultura.
   2º No podemos aplicar los conceptos de una cultura a otra pues sus contextos y, por lo mismo, carga histórica o biográfica, situación vital, son distintos; tampoco podemos traducirlos. Lo que sí podemos es buscar los equivalentes homeomórficos, esto es, aquellos que en nuestra propia cultura tienen un sentido símil. ¿Es Isvara del hinduismo mediador y, en ese sentido, tiene un valor equivalente a Cristo de los cristianos? Sólo puede responder y entrar en diálogo quien ha dedicado atención a ambos credos… sin partir prejuzgando o con intención de aniquilar al otro y encerrarse a todo diálogo y consideración del “tú”
     Diálogo de culturas, interculturalidad, cooperación, entendimiento para enfrentar los problemas que hoy aquejan a todo nuestro mundo. Es importante tener presente que los problemas ecológicos, políticos, económicos, son síntomas o consecuencias de un problema más radical que es causa de los mismos: Vivimos un mundo desorientado, perdido entre sus propias producciones, conocimientos, razón… Se requiere retomar el sentido y valor de la vida, de la existencia, de la armonía interior y de la paz entre las diversidades culturales y la biodiversidad de las cuales somos responsables.
   A nivel simple, a nivel de escuela hogar, es importante aprender a vivir en armonía: armonizar las diversidades, buscar su complementariedad, descubrir el tono adecuado para cantar a coro, a dueto o ser solista… Ello nos hace requerir una pedagogía de la sensibilidad, de la admiración: una pedagogía estética.


Se Oponen A La Diversidad, Generando Violencia

a) El bondadismo  lleva a la arrogancia, intolerancia y falta de respeto con la diversidad. El bondadismo consiste en calificar todo de verdadero, valioso; siempre que no nos agredan. Es una posición egoísta y no comprometida; ni con la verdad, ni con las personas que la declaran. Se trata de una posición cómoda que busca las conveniencias de no tener que confrontarse y tampoco, consecuentemente, tener que declarar equivocarse. Da lugar a la arrogancia, pues al no existir una verdad que nos trascienda y que sea criterio de corrección, de perspectiva, nos erigimos en los creadores y modificadores de ella, según los antojos o utilidades que nuestra posición nos ofrezca. De este modo, sólo se trata de posiciones personales que justificar o mantener; el error no existe; todo está bien porque nada está mal.
b) El talante polémico: propio de quienes se fijan en los demás por lo que tienen de diferentes; haciendo de ese aspecto el todo e infravalorando, entonces, a la persona.  Debemos educar a nuestros alumnos para que no valoren o desvaloricen a los demás por lo que tienen de diferentes, de tal forma, sean etiquetados y discriminados o no considerados por ser de tal o cual color o raza, sexo, edad, ciego, gordo, bajo, pobre, rico, provinciano, etc.
c) La descalificación: consiste no sólo en reprobar una acción que realmente puede ser incorrecta sino, principalmente, quitar todo prestigio, imagen o autoridad a la persona, más allá de todo razonable argumento y sin tener la más mínima consideración.  «Del árbol caído todos hacen leña», dice el refrán. A menudo, el error de alguien es dicha del intolerante; quien se alegra de la desdicha del diverso que es visto como un enemigo. Es una proyección del talante intolerante que descalifica todo argumento o acción de alguien, aunque ésta esté al margen del defecto o diversidad misma. Por ejemplo, al gordo no se le elige como amigo, aunque sea generoso, porque es gordo. Al que tiene una postura política o religiosa distinta, no se le contrata como cocinero, aunque sea excelente en ese campo y no tenga nada que ver con lo religioso o político. A quien tiene una discapacidad muscular o en sus piernas, se le deja de lado en actividades que requieren por sobre todo de una inteligencia que puede ser excepcional.
d) Mal genio: propio de quien no tiene paciencia con el diferente, agrediéndole con palabras, gestos u obras.  Debemos instar a nuestros alumnos a dominar los impulsos agresivos o violentos. Modales, palabras y gestos intolerantes, son imitados en la vida familiar, escolar, comunitaria y desde la televisión u otras propuestas masivas: cine, comic, música, sectas, juegos electrónicos (Nintendo, Play Station, Internet, etc.).
e) Incontinencia verbal: es una forma de faltar el respeto a la diversidad, por eso el incontinente habla en forma desmesurada, sin considerar la importancia del decir de los demás. Al desvalorizar a los demás no deja espacio ni tiempo para otras opiniones. De esta forma logra imponer sólo su perspectiva.
f) Acoso: es una forma de intolerancia que se manifiesta atosigando, esto es, sometiendo la persona a tal presión emocional y/o física, que ésta se encuentra imposibilitada de presentar o defender su postura. Por el contrario, quien se educa en diversidad, no impone; sugiere, insinúa.
g) Fanatismo: es propio de quien no es capaz de ver la más mínima objeción en su postura.  El fanático es intolerante e irrespetuoso. Es acrítico ante sí y ante los que piensan como él. No valora al diverso. Sólo recurre a argumentos memorizados, porque realmente no posee razones o creencias auténticas. El fanático divide el mundo en dos: nosotros y los otros: los equivocados o malos. El fanático es inamovible, anquilosado, rutinario, amigo de los tópicos.

Conclusión: Necesitamos educar en diversidad, respeto y justa tolerancia para educar en la paz.

2.5 Amistad, compañerismo y aulas en paz.


             Sólo cuando tomamos conciencia y vemos al otro como un ser personal, un ser humano íntegro y no un mero cuerpo más entre miles, o alguien funcional (chofer, profesor, cocinero, aseador, alumno, profesor, etc.) nuestra actitud también se humaniza y se dispone a acoger no a”otro más” sino a otro que también es un “yo” quien aparece entonces como un “tú”.  En el filme “El juego de las lágrimas” se expresa cómo el guardián del rehén, no puede impedir la comunicación que se empieza a dar entre ambos: es simple, aparece ya no el rehén sino la persona; ya no el raptor sino el ser humano… Los días que deben ambos permanecer juntos, hace que lleguen a tal punto de compenetración personal, a tales niveles de autenticidad, que no pueden evitar que surja un vínculo de verdadera amistad: un “nosotros”.  El raptor sabe que ya no podrá matar al amigo que es su rehén; es más, un amigo no puede ser rehén; en el amor no hay dominio, no hay posesión del otro.  El raptor termina exponiendo su vida para salvar al amigo; pues ya sabe que la orden será matarlo. Los cómplices son sólo “los otros; ellos”.  Y aquí tenemos ya dos enseñanzas importantes: a) Quienes se conocen en niveles de profundidad, no pueden sino amarse y, quien ama sólo desea el bien del amado-a; pues el amante es feliz en la medida que hace feliz al amado-a: Yo estoy bien si tú estás bien.  El amor es benevolente: desea el bien del amado, y b) No confundamos amigo con cómplice; amistad con complicidad.
            La amistad es una forma de amor.  El verdadero amigo no dice a todo que sí; pues el verdadero amor no es ciego sino, por el contrario, da sabiduría.  Si el amigo se da cuenta que tú decisión te hará daño, te aconseja; te da su visión, sus razones para la negativa…. Aunque la primera reacción sea de enojo… el amigo es leal y prefiere el momento de disgusto, de dolor.  El cómplice es alguien que se asocia con “otros” para llevar a cabo una acción en contra de “otros”; una acción punitiva: robar, amedrentar, engañar, destruir, conseguir ilícitos,… etc.  Entre los cómplices no hay una relación de amistad, de amor sino de poder: juntos podemos asaltar; juntos podemos satisfacer nuestras conveniencias.  En la complicidad hay una relación funcional, de utilidad; donde no me interesa el otro sino lo que consigo a través de él; por ello la complicidad siempre es violenta.
            Es importante educar la amistad; enseñar a hacer amigos.  Hubo un tiempo que trabajé cursos optativos y acciones valóricas que consistían en aplicar un programa para enseñar a ser amigos-as y compañeros-as.  Uno de los errores más comunes que comete el profesor al inicio del año escolar es dirigirse a su curso de 30 0 40 alumnos, en los siguientes términos: “Espero que no se formen grupos y que sean todos amigos”.  Mal comienzo; está diciendo algo que no es un ideal sino una utopía; por lo cual no resulta creíble. (El ideal es muy difícil de alcanzar pero dirige todas nuestras fuerzas y acciones hacia él; es criterio de evaluación constante pues nos indica si con la decisión tomada, nos acercamos o alejamos de él.  La utopía, en cambio, es inalcanzable; pero si lo fuera sería destructiva, pues no se sustenta en la realidad).  La amistad requiere dedicación, compartir en ámbitos cotidianos, propios de la vida privada.  El amigo-a debe sentir que cuenta contigo; que puede confiar en ti; que puedes comprenderlo porque lo conoces (que no es lo mismo que estar de acuerdo en todo).  Con el amigo debe haber simpatía a nivel de sintonizar en aspectos importantes de la vida personal; en principios fundamentales (que no es lo mismo que en ideas) que tienen que ver con lo afectivo y moral: lealtad, afecto, generosidad…   Obviamente que para ser amigos se requiere de cierto grado de madurez; la necesaria para pedir perdón cuando se toma conciencia que por cobardía se ha sido desleal con el amigo.  Excelente film “El niño del pijama a rayas”: esa escena donde el niño nazi no se atreve a decir que él dio la orden al niño judío – su amigo- de comer los pastelillos.  Luego, el arrepentimiento y el querer cumplir con el principio de indemnización (por supuesto que el niño no sabe que está aprendiendo lo que es la amistad y la justicia; es el amor el que le enseña): el niño nazi se compromete: ayudará al niño judío a buscar a su padre, enfrentando el miedo que implica desobedecer las órdenes de sus propios padres; pero sabe que es un acto de justa amistad y valentía.  El amor siempre es justo y valiente.

            Lo que el profesor debe indicar es: “Espero que todos ustedes aprendan a ser auténticos compañeros y, ojalá se forme también más de alguna relación de amistad”.  La relación de amistad es una forma de amar a un tú con quien se sintoniza aniveles de vida privada; el compañerismo es una relación de amor pero sustentado en la virtud de la colaboración.  Los compañeros forman una compañía que tiene propósitos definidos: se juntan para una obra común; son colaboradores, solidarizan en la obra.  Los alumnos de un curso son una compañía de estudio; en forma análoga a como lo son las compañías de bomberos.  No se logra el compañerismo con paseos, fiestas o comidas.  Los paseos, fiestas y comidas se hacen cuando ya son compañeros; para celebrar, precisamente, ese compañerismo.  Es el trabajo colaborativo, el interés común, el sentir que juntos logran lo que en solitario habría sido imposible o más difícil, lo que une a los compañeros; lo que los hace verse y ver a los otros como tú diversos pero, por lo mismo, complementarios y no rivales.   Entender esto cobra vital importancia cuando la violencia escolar asola nuestras aulas  y con cada vez más graves consecuencias.



2.4 Una cultura de la paz


            La palabra paz tiene su origen en el latín pax que significa, pacificar, apaciguar. La virtud de la paz es la virtud de la armonía, del actuar consecuente, esto es, de la integridad entre lo que siento, creo, digo, hago.  Existe una paz interior y una paz exterior que no es tal sin la primera.


            La paz no es la ausencia de conflictos sino una actitud de serenidad que por sola presencia insta a no perder el dominio, a mantener una calma que no es pasiva sino activa: es la calma que se mantiene durante y después de un terremoto o cualquier catástrofe.  Es una paz serena pero alerta, que justamente mantiene la calma porque se está consciente del deber de tomar decisiones sabias, prudentes, que consideren las circunstancias y sus consecuencias; decisiones que no lleven a empeorar o agravar la situación.  Es la paz del hombre justo, prudente, que domina el miedo y la ira; porque sabe que estos aconsejan mal. 


            Para conservar la paz, tanto interior como exterior, debemos aprender a valorar, jerarquizar: ¿Cuál es el bien mayor? ¿Cuál es el mal menor y cuál el mayor? ¿Es el momento para pedir? ¿Consideramos las circunstancias?  Anécdotas hay muchas: Recuerdo el caso de un alumno…. Yo acompañaba a una profesora amiga quien vivía al lado de una casa que se estaba incendiando.   De pronto, un bombero se acerca corriendo a ella y le dice “No pude ir a clases, sé que entregó notas ¿se acuerda qué nota me saqué?”  El problema es la falta de consideración.  No puedes solicitar que te compren a lo mejor un justo y necesario computador, cuando tu madre o padre está grave y hay asuntos médicos que enfrentar.


            Educar la paz implica, entonces, enseñar a valorar  las circunstancias y las consecuencias de las decisiones.
           

            También implica enseñar la justa tolerancia, pues no todo debe ser tolerado.  Se toleran ideas o creencias pero no actitudes o acciones invasivas que son destructivas: no debes tolerar que te maltraten o maltraten a los tuyos que no pueden por sí mismos defenderse.  No se debe permitir la existencia de grupos o personas que promuevan el suicidio, el maltrato animal, la prostitución y todo tipo de comercialización infantil o maltrato de personas discapacitadas o seniles.  Se debe tener claridad sobre lo que es un acto punitivo, que debe ser penalizado o se caería en complicidad con todo acto de injusticia.


            Se debe ser tolerante con ideas y creencias distintas; enseñar la discusión respetuosa; sin burla ni escarnio; sin atacar física ni psicológicamente a quien piensa o cree distinto a ti. La paz  se logra en quien logra vislumbrar un ideal de amor porque descubre la belleza de la creación, de los grandes hombres y sus obras.  Es sabido que la gran música, con su belleza, aúna a todo hombre más allá de los idiomas, credos  e ideas.  Es lo que expresa, magistralmente, la película “El pianista”.  La paz, bien entendida, no es sólo la ausencia de conflictos sino convivencia respetuosa o tolerante en diversidad.

Un cuento de autor desconocido: “Verdadero significado de la paz”
     “Había una vez un Rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.
        La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde   se reflejaban unas placidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.
        La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero   con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacifico. Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, el miró tras la cascada una grieta en la Roca. En esta grieta se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido...!!Paz perfecta!!
        El Rey explicó: "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón."

         Complementar con la lectura de "Educar en la reinvención de la solidaridad" de Luis Alfonso Aranguren http://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol38/150/150_aranguren.pdf 




La paz requiere de la templanza

            Este cuento expresa es el verdadero sentido de la paz que, para ser tal, debe sustentarse en la templanza.  La templanza es una de las cuatro virtudes cardinales: la del dominio de sí, a través de la fuerza de la voluntad; es la virtud de la armonía, de la proporción, del equilibrio, la sobriedad.  La persona templada disfruta sin caer en el asco, lo grotesco, la saturación, el fastidio, el aburrimiento; dirige sus anhelos para que sean justos y no destructivos; dirige sus poderes para servicio suyo, de los suyos y de todos, en justa conmutación (intercambio) y distribución; de tal modo no atentar física, psíquica ni moralmente contra los demás.   Es la virtud del dominio de los sentidos y poderes.

            El velar por sí mismo, cuidarse, tener justos anhelos, salud, descanso, entretención, comodidad, placeres, poder no es malo si no nos hace caer en egolatría, avaricia, ebriedad, lujuria o promiscuidad, gula, consumismo, trapería, despilfarro, crueldad, indecencia. Por ello, la templanza trae como consecuencia la paz del alma o paz interior, requisito para la paz de la convivencia en todos sus niveles.  Así, la templanza educa las energías o tendencias vitales, dirigiendo sus movimientos en forma, fuerza y contenido: continencia,  humildad,  mansedumbre,  clemencia.  La mansedumbre modera el resentimiento, la envidia, el afán de venganza, porque evita que la ira obnubile el entendimiento. La paz interior posibilita el verdadero encuentro; sin ella, a los más habrá remedos de paz.

            El hombre violento busca saciar sus ansias de euforia, exaltación y para ello necesita dominar, empequeñecer al otro-a, empobrecerlo en todo sentido; sobre todo en lo personal.  Es el ser que sólo se divierte en la disipación. Disiparse es relacionarse con seres que no habrá encuentro porque serán siempre externos y extraños a uno; jamás íntimos. El encuentro, en cambio, exige trato decoroso, de iguales en dignidad, en respeto. 

La paz exige el encuentro entre seres libres y diversos; que no se anulan sino potencian.